En el éxito intervienen diversas condiciones, como las capacidades, los recursos, el entorno del mercado, la suerte y el momento oportuno. Por tanto, creer en uno mismo no garantiza necesariamente el éxito. Sin embargo, si una persona no confía en absoluto en su capacidad para actuar, le resultará difícil afrontar retos o volver a intentarlo después de fracasar.
Lo que se necesita aquí no es una autosugestión que ignore la realidad, sino una creencia verificable en que se puede actuar y aprender. En psicología, un concepto cercano a este se denomina autoeficacia.
En qué se diferencian la confianza en uno mismo y la autoeficacia
La autoeficacia es la creencia de una persona en que puede planificar y llevar a cabo las acciones necesarias en una situación concreta. Es distinta de la predicción de resultados «tendré éxito pase lo que pase».
| Distinción | Pregunta clave | Ejemplo deseable | Ejemplo que requiere cautela |
|---|---|---|---|
| Autoeficacia | ¿Puedo realizar las acciones necesarias? | «Puedo comprobar la respuesta de los clientes y mejorar la propuesta». | «Como todavía no lo he intentado, no puedo hacerlo». |
| Expectativa de resultados | ¿Qué resultado obtendré si actúo? | «Volveré a evaluar las posibilidades según los resultados del experimento». | «Si me esfuerzo, los resultados llegarán necesariamente». |
| Exceso de confianza infundado | ¿Se ignora la posibilidad de fracaso? | No corresponde | «Como yo creo en ello, no hace falta validarlo en el mercado». |
La autoeficacia puede variar según la tarea y la situación. Una persona puede tener confianza al hacer presentaciones, pero no al contratar personal o gestionar las finanzas. Por tanto, en lugar de negar la capacidad global de una persona porque tenga poca confianza, es más preciso analizar en qué tareas carece de determinadas habilidades y experiencias.
Cómo influyen las creencias en la conducta
La autoeficacia está relacionada con la elección de objetivos, el esfuerzo invertido y el tiempo que se persevera ante las dificultades. Si se piensa que «intentarlo no servirá de nada», es fácil evitar empezar; en cambio, si se cree que «puedo aprender el método y mejorar el siguiente intento», aumenta la posibilidad de actuar.
Sin embargo, entre la creencia y el rendimiento debe haber acciones reales. Un proceso útil es el siguiente.
- Decidir cuál es la siguiente acción viable.
- Observar el resultado de la acción.
- Desglosar concretamente las causas del éxito y del fracaso.
- Modificar la estrategia o las habilidades.
- Volver a probar la acción modificada.
En este proceso, la confianza es una hipótesis que ayuda a empezar, mientras que los datos de los resultados sirven como base para corregir el rumbo.
Método 1: Prepararse para actuar mediante el ejercicio
La actividad física puede ser beneficiosa no solo para la salud cardiovascular y musculoesquelética, sino también para el sueño y la salud mental. La experiencia de completar el ejercicio a la hora acordada también proporciona pruebas directas de que «he llevado a cabo la acción que me propuse». No obstante, no debe interpretarse que el ejercicio genera automáticamente una gran fortaleza mental o garantiza el éxito empresarial.
La Organización Mundial de la Salud recomienda en general que los adultos realicen entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica de intensidad moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad aeróbica de intensidad alta, además de actividades de fortalecimiento muscular al menos 2 días por semana. Estas son recomendaciones semanales y deben adaptarse al estado de salud y a la experiencia deportiva de cada persona.
Cómo empezar reduciendo la carga
- Empezar con una intensidad que pueda repetirse, como caminar entre 10 y 20 minutos.
- Utilizar un ritmo que permita mantener una conversación como criterio sencillo para estimar una actividad de intensidad moderada.
- Registrar solo uno de estos datos: tiempo, distancia o número de repeticiones.
- Si aparecen síntomas anómalos, como dolor, mareos o dificultad para respirar, interrumpir la actividad y consultar a un profesional sanitario si es necesario.
- Si existen factores que deban tenerse en cuenta, como una enfermedad crónica, una lesión o un embarazo, consultar con un profesional el tipo y la intensidad del ejercicio.
Cifras como 30 flexiones o 10 dominadas pueden ser objetivos personales, pero no son criterios para evaluar la salud aplicables a todo el mundo. El punto de comparación debe ser el punto de partida seguro de cada persona y su evolución, no los registros ajenos.
Método 2: Definir el objetivo actual en una frase
Una frase sirve como criterio para decidir dónde invertir el tiempo y la atención limitados. Para poder utilizarla en decisiones reales con facilidad, debe incluir al destinatario y el valor que se ofrece, en lugar de ser un simple eslogan.
Puede utilizarse el siguiente formato.
Proporciono [valor o método esencial] para ayudar a [destinatario] a resolver [problema].
Por ejemplo, puede escribirse: «Ayudo a los responsables de pequeños comercios a reducir las tareas administrativas repetitivas para que recuperen tiempo que dedicar a sus clientes».
Una buena frase debe responder a las siguientes preguntas.
- ¿Para quién es el objetivo?
- ¿Qué problema resuelve?
- ¿Qué cambio concreto obtendrá la otra parte?
- ¿Qué acción se realizará esta semana para comprobarlo?
Los estudios sobre el establecimiento de objetivos consideran que los objetivos concretos y exigentes pueden favorecer más el rendimiento que un vago «hagamos todo lo posible». Sin embargo, si un objetivo es excesivamente rígido, puede llevar a ignorar riesgos importantes o información nueva. Una frase no constituye una identidad permanente, sino la prioridad de la etapa actual, por lo que debe modificarse si cambian la respuesta de los clientes o el entorno.
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