La actitud que conduce al éxito no consiste tanto en la fuerza mental para exigirse al límite como en la capacidad de repetir durante mucho tiempo acciones que se pueden controlar. Las condiciones iniciales y las oportunidades varían de una persona a otra, y el esfuerzo por sí solo no garantiza todos los resultados. Sin embargo, cualquiera puede mejorar el sistema de convertir sus objetivos en acciones concretas y volver a empezar incluso después de un día fallido.
Tres afirmaciones que conviene corregir primero
Las frases motivadoras contundentes pueden impulsar a actuar, pero para aprovecharlas a largo plazo es necesario distinguir los hechos de las metáforas.
| Afirmación habitual | Interpretación precisa |
|---|---|
| Si llegas hasta el final, entrarás sin duda en el 10 % superior | La cifra de que «el 90 % abandona a mitad de camino» no es una estadística verificada aplicable a todos los ámbitos. Sin embargo, la constancia para no rendirse fácilmente aumenta las posibilidades de acumular habilidades y encontrar oportunidades. |
| Culpar al entorno o a los demás son solo excusas | Existen barreras reales como la discriminación, las limitaciones económicas, la salud y las responsabilidades de cuidados. Ser responsable consiste en concentrarse en las decisiones que se pueden controlar sin negar esas barreras. |
| Preocuparse demuestra que ahora mismo no se está haciendo nada | La ansiedad no es una emoción que aparezca únicamente cuando no se actúa. Las personas que trabajan con diligencia también la experimentan, y los trastornos de ansiedad son problemas de salud que no pueden explicarse por falta de voluntad. |
| Un hábito se consolida exactamente en 66 días | Los 66 días son una estimación media presentada en un estudio concreto. El tiempo necesario para alcanzar la automaticidad varió mucho según la dificultad de la conducta y la persona. |
Lo esencial y útil de la motivación no son las cifras ni las afirmaciones categóricas. Lo importante es que en vez de pensar en avanzar más rápido que los demás, hay que repetir mañana la acción decidida hoy.
La clave para alcanzar objetivos es distinguir el ámbito de control
Ignorar las condiciones externas no es lo mismo que asumir responsabilidades. La responsabilidad no consiste en atribuirse la culpa de todos los problemas, sino en elegir la siguiente acción dentro de las circunstancias dadas.
Dividir el ámbito de control en tres categorías
- Lo que se puede controlar directamente: tiempo de estudio, envío de solicitudes, número de prácticas, preparación para dormir, petición de ayuda
- Lo que se puede influir: colaboración del equipo, comprensión de quien evalúa, apoyo de la familia, calendario de trabajo
- Lo que no se puede controlar: el pasado, los prejuicios ajenos, las fluctuaciones económicas, las decisiones ya tomadas
La mayor parte de la energía se destina a la primera categoría, mientras que para la segunda se recurre a peticiones, negociaciones y persuasión. Respecto a la tercera, se toman precauciones ante los riesgos, pero sin aferrarse continuamente a ella.
Por ejemplo, no se puede controlar el resultado de un proceso de selección, pero sí decidir cuántas ofertas solicitar esta semana y cuánto tiempo dedicar a revisar el currículum. No se puede controlar la dificultad de un examen, pero sí el número de problemas que se resolverán hoy y cuándo se revisarán los errores.
Cómo crear un sistema para llegar hasta el final
La constancia no es la capacidad de soportar el dolor incondicionalmente. Es la capacidad de convertir los objetivos en pequeñas acciones, crear un entorno que facilite actuar y retomar pronto el proceso después de una interrupción.
1. Traducir los objetivos de resultados en objetivos de acción
Expresiones como «tendré éxito» o «mejoraré mis habilidades» solo indican una dirección, pero no dicen qué hay que hacer hoy.
- Objetivo de resultado: mejorar mi nivel de inglés.
- Objetivo de acción: leer un párrafo en inglés en el escritorio a las 8 de la tarde de lunes a viernes.
- Objetivo de resultado: conseguir cambiar de empleo.
- Objetivo de acción: revisar un apartado del historial profesional los martes y los jueves.
- Objetivo de resultado: mejorar la condición física.
- Objetivo de acción: ponerse las zapatillas deportivas y caminar 10 minutos después del almuerzo.
Un buen objetivo de acción incluye cuándo, dónde, qué y cuánto.
2. Establecer una acción mínima difícil de incumplir
Se fija como acción mínima una cantidad que pueda realizarse incluso en los días de menor motivación. La acción mínima no es el límite máximo del rendimiento, sino el límite mínimo para mantener la continuidad.
- Leer al menos 2 páginas en lugar de 30
- Ponerse la ropa deportiva y moverse durante 5 minutos en lugar de hacer ejercicio durante 1 hora
- Escribir la primera frase en el documento en lugar de terminar el informe
- Escuchar 5 minutos y anotar una idea clave en lugar de completar una clase
Si después de empezar se puede hacer más, se continúa, pero haber realizado solo la acción mínima no se considera un fracaso.
3. Vincular la acción a una señal existente
Un plan como «lo haré cuando tenga tiempo» no deja claro el momento de ejecución. Si se añade la nueva acción después de otra que ya ocurre todos los días, la señal de inicio se vuelve clara.
Después de servirme el café de la mañana, repasaré cinco palabras en el escritorio.
Después de dejar el bolso del trabajo, me pondré la ropa deportiva.
Después de terminar el almuerzo, guardaré una oferta a la que postularme.
4. Cambiar primero el entorno, no la voluntad
- Dejar abierto en la pantalla desde el día anterior el documento que se va a estudiar.
- Colocar la ropa y el calzado deportivos en un lugar visible.
- Durante el tiempo de concentración, desactivar las notificaciones y dejar el teléfono fuera del alcance.
- Reunir en una sola carpeta los archivos y materiales necesarios para la tarea.
- Completar con antelación los inicios de sesión, la carga de dispositivos y las tareas de organización que dificultan empezar.
El objetivo del diseño del entorno no es imposibilitar los malos hábitos, sino reducir la fricción de la conducta deseada.
Método práctico para cambiar solo un hábito por semana
Si se modifican al mismo tiempo varios ámbitos de la vida, resulta difícil saber qué cambio fue eficaz y aumenta el cansancio. Durante una semana se experimenta con una sola conducta de la siguiente manera.
Paso 1: elegir una
Se elige una conducta que tenga un gran impacto en el objetivo actual y que pueda repetirse a diario o periódicamente. En vez de una actitud ambigua como «ser más diligente», se escribe algo como «empezar la tarea prioritaria durante 10 minutos a las 9 de la mañana de lunes a viernes».
Paso 2: reducir el criterio mínimo
Debe poder cumplirse incluso en días agotadores y ajetreados. Durante la primera semana, hay que concentrarse más en aprender la señal y la secuencia de ejecución que en los resultados.
Paso 3: registrar solo siete casillas
Se marca en un calendario o bloc de notas si se realizó o no. El registro no es un boletín de calificaciones para castigarse, sino información para comprobar en qué condiciones resultó más fácil actuar.
Paso 4: revisar después de una semana
Se responden las siguientes cuatro preguntas.
- ¿Cuántas veces se realizó realmente?
- ¿En qué momentos y lugares resultó fácil realizarla?
- ¿Cuál fue el obstáculo más frecuente?
- ¿Hay que reducir aún más la acción o cambiar la señal?
Paso 5: añadir solo una después de mantenerla
Si la conducta existente aún es inestable, no se añade un hábito nuevo. Cuando la repetición se estabilice, se aumenta un poco la cantidad o se vincula una nueva acción.