El logro no se mantiene con una sola acción intensa. Los objetivos que requieren repetición, como hacer ejercicio, estudiar, ahorrar o escribir, dependen en gran medida de la frecuencia con la que se puedan volver a ejecutar las acciones importantes. Para ello, más que una autodisciplina perfecta que obligue a contenerse en todo momento, se necesita un sistema de hábitos que haga que la acción comience de forma natural.
Qué es un hábito
Un hábito es una respuesta aprendida en la que, como resultado de repetir una acción en una misma situación, la conducta comienza de forma relativamente automática cuando aparece una señal determinada. En este caso, «automática» no significa que la acción se realice sin ninguna conciencia. Se refiere más bien a que resulta más fácil empezar sin tener que volver a revisar el objetivo ni tomar una larga determinación cada vez.
Por lo general, un hábito puede explicarse mediante la siguiente estructura.
- Señal: situación que desencadena la acción, como la hora, el lugar, la acción inmediatamente anterior o los objetos cercanos
- Acción: conducta lo suficientemente concreta como para poder repetirla en la práctica
- Resultado: experiencia que refuerza la repetición, como la satisfacción, la comprobación del progreso o la reducción del malestar
- Repetición: proceso que fortalece la conexión entre señales y acciones similares
Por ejemplo, «debo mejorar mi salud» es un objetivo, pero resulta impreciso para llevarlo a la práctica como hábito. «Los días laborables, justo después de recoger los platos de la cena, me pongo las zapatillas deportivas y camino durante 10 minutos» es fácil de repetir porque la señal y la acción son concretas.
Por qué el éxito no requiere un autocontrol perfecto
El autocontrol es importante, pero gestionar siempre todas las acciones mediante la fuerza de voluntad tiene un coste elevado. Esto se debe a que cada vez hay que decidir qué hacer, enfrentarse a las tentaciones y negociar con uno mismo. Los hábitos reducen esta carga al transformar parte de las decisiones repetidas en conductas estables.
La clave no consiste en hacerlo todo bien, sino en seleccionar las acciones que influyen considerablemente en el objetivo. Si se prepara un examen, la prioridad puede ser sentarse cada día ante el escritorio y resolver el primer problema; si se trata de un objetivo financiero, programar una transferencia automática el día de cobro; y, si se quiere escribir, dedicar 15 minutos a redactar un borrador antes de comenzar el trabajo. Se deben priorizar las acciones directamente vinculadas con el resultado.
Sin embargo, no todo el éxito puede explicarse únicamente mediante los hábitos. En los logros también influyen los conocimientos y las habilidades, los recursos, la salud, el apoyo social, las oportunidades, las condiciones institucionales y el azar. Los hábitos no son una fórmula que garantice el éxito, sino un medio para aumentar la reproducibilidad de las acciones que uno puede controlar.
El significado exacto de «formar un hábito lleva 66 días»
Los 66 días que se citan ampliamente no significan que todas las personas completen cualquier hábito exactamente en 66 días. En la investigación relacionada se observó cuánto tiempo se tardaba en formar un hábito nuevo. El tiempo necesario para formar un hábito nuevo fue, en promedio, de 66 días.
Las diferencias según la persona y la conducta fueron muy grandes. El intervalo concreto debe consultarse en el texto original de dicho estudio. Por lo tanto, no se deben utilizar 21, 30 o 66 días como fecha límite aplicable a todos los hábitos.
| Resultado de la investigación | Interpretación correcta | Interpretación que debe evitarse |
|---|---|---|
| Promedio de 66 días | Significa que formar un hábito nuevo llevó, en promedio, aproximadamente ese tiempo | Cualquier persona completa un hábito en 66 días |
| Intervalo concreto | Debe consultarse en el texto original de dicho estudio | Basta con cumplir el plazo para que la conducta se mantenga permanentemente |
| La automaticidad aumenta rápidamente al principio de la repetición | La repetición constante en la etapa inicial es especialmente importante | Si se omite incluso un solo día, hay que volver a empezar desde el principio |
| Efecto de las omisiones | El efecto concreto debe consultarse en el texto original de dicho estudio | Varias interrupciones tampoco tienen ningún efecto |
En lugar de evaluar un hábito únicamente por el número de días consecutivos en el calendario, resulta más preciso observar con qué facilidad comienza la acción en la misma situación, si ha disminuido la negociación previa y si se ha reducido la fricción necesaria para prepararse.
Cómo convertir una acción importante en un hábito
1. Elegir una acción repetible, no un resultado
«Aumentar la productividad» es un resultado, mientras que «a las 9 de la mañana escribo el primer párrafo del documento más importante» es una acción. Se debe elegir una conducta que esté dentro del ámbito de control propio y cuya realización pueda verificarse con claridad.
Una buena acción inicial cumple tres condiciones.
- Puede comenzarse a pequeña escala, durante unos 5 a 15 minutos.
- Su realización puede registrarse con un sí o un no.
- Cuando se repite, contribuye de manera sustancial al resultado deseado.
2. Asociarla con una señal estable
Si resulta difícil utilizar únicamente una hora concreta como señal, se puede vincular la acción a otra que ya se realiza todos los días. Una conducta existente puede servir como punto de partida para una nueva, como «después de desayunar, compruebo mi medicación» o «después de encender el ordenador de trabajo, anoto una tarea».
El plan de ejecución queda más claro si se formula con la siguiente frase.
Cuando [se produzca la señal], realizaré [una acción concreta] en [el lugar].
3. Reducir el umbral para empezar
Si desde el principio se exige la cantidad correspondiente al objetivo final, la actividad puede interrumpirse antes de que se forme la conexión entre la acción y la señal. En lugar de «hacer ejercicio una hora todos los días», primero se estabiliza una acción mínima difícil de incumplir, como «ponerme la ropa deportiva y caminar durante 10 minutos». Una vez que la acción empiece de forma natural, se aumenta gradualmente el tiempo o la intensidad.
4. Reducir la fricción de las buenas acciones
Se debe ajustar primero el entorno, antes que recurrir a la fuerza de voluntad.
- El día anterior, se dejan las herramientas y los materiales necesarios en un lugar visible.
- Se deja preparada la aplicación, el documento o el espacio de ejercicio necesarios para empezar.
- Se desactivan las notificaciones molestas y se alejan los objetos que distraen.
- Se evita superponer otras actividades al horario acordado.
Por el contrario, se añade fricción a las acciones que se desea reducir. Por ejemplo, se puede desactivar el inicio de sesión automático, colocar los refrigerios y el teléfono móvil fuera del alcance o establecer un periodo de espera antes de comprar.
5. Medir por separado la ejecución y la automaticidad
Una tabla de control indica si hubo repetición, pero no muestra la intensidad del hábito. Una vez por semana, se revisan conjuntamente los siguientes aspectos.
| Elemento de medición | Pregunta de comprobación |
|---|---|
| Tasa de ejecución | De las oportunidades previstas, ¿cuántas se llevaron realmente a cabo? |
| Fricción inicial | ¿Cuánto tiempo se dudó antes de empezar? |
| Estabilidad de la señal | ¿La acción se realizó en horarios, lugares y situaciones similares? |
| Automaticidad | Al encontrar la señal, ¿la acción surgió de forma natural en la mente? |
| Contribución al objetivo | ¿Esta acción está mejorando realmente el resultado deseado? |
Si la tasa de ejecución es alta, pero el resultado no mejora, no se debe concluir que falta fuerza de voluntad, sino revisar si la propia acción está vinculada con el objetivo.