La idea de que las personas con enfermedad renal crónica deben reducir al mínimo el movimiento es, en general, incorrecta. En pacientes estables, el reposo prolongado en cama puede reducir la masa muscular y la capacidad física, dificultando aún más una vida independiente. Sin embargo, la misma cantidad de ejercicio no es segura para todos los pacientes, y cuando existe una enfermedad aguda o una complicación inestable pueden ser necesarios el descanso temporal y la atención médica.
Mitos y realidades
Mito: Si los riñones no funcionan bien, se debe guardar reposo absoluto en casa.
Realidad: En caso de enfermedad renal crónica estable, generalmente es mejor seguir moviéndose dentro de lo posible. La Organización Mundial de la Salud recomienda actividad aeróbica regular y ejercicios de fuerza para la salud de los adultos, y las guías de práctica clínica de KDIGO para la enfermedad renal crónica también recomiendan un nivel de actividad acorde con la salud cardiovascular y la capacidad física.
Sin embargo, tampoco son exactas afirmaciones categóricas como «descansar acelera necesariamente la insuficiencia renal» o «hacer ejercicio recupera la función renal». Los estudios sobre ejercicio observan de forma relativamente constante mejoras en la capacidad física, la fuerza muscular, la capacidad para caminar y la calidad de vida relacionada con la salud, pero aún existe incertidumbre sobre sus efectos en resultados a largo plazo, como el momento de inicio de la diálisis o el riesgo de muerte.
Por qué el reposo excesivo puede ser problemático
Cuando la actividad disminuye considerablemente, los músculos dejan de recibir estímulos por el uso. Permanecer acostado o sentado durante períodos prolongados puede causar los siguientes problemas:
- Disminución de la masa y la fuerza muscular
- Deterioro de la capacidad cardiorrespiratoria y de la capacidad para caminar
- Reducción del equilibrio y aumento del riesgo de caídas
- Círculo vicioso en el que la fatiga y la evitación de la actividad se agravan mutuamente
- Deterioro de la capacidad para realizar actividades cotidianas como comer, bañarse y salir
- Cambios desfavorables en la sensibilidad a la insulina y la salud cardiovascular
Estos cambios no afectan únicamente a los valores renales. También influyen en la capacidad del paciente para tolerar el tratamiento y mantener una vida independiente.
Razones por las que los músculos pueden ser más vulnerables en la enfermedad renal crónica
Además de la disminución de la actividad física, en los pacientes con enfermedad renal crónica pueden confluir varios factores que los hacen vulnerables a la pérdida muscular.
- Pérdida de apetito e ingesta energética insuficiente
- Acidosis metabólica
- Inflamación crónica y enfermedades concomitantes
- Anemia y deterioro de la función cardiorrespiratoria
- Hospitalizaciones y enfermedades agudas recurrentes
- Fatiga antes y después de la diálisis y períodos prolongados de sedentarismo
- Edad avanzada, diabetes y complicaciones neurológicas o vasculares
Como las causas varían entre pacientes, la pérdida muscular no debe atribuirse únicamente a la falta de ejercicio. Si se pierde peso, disminuye la fuerza de prensión o la velocidad al caminar se vuelve notablemente más lenta, es necesario evaluar conjuntamente el estado nutricional, la anemia, la acidosis y las enfermedades concomitantes.
Beneficios realistas del ejercicio
El objetivo del ejercicio para los pacientes con enfermedad renal crónica no es reparar los riñones dañados únicamente mediante la actividad física. Los siguientes objetivos son más realistas:
- Mantener la fuerza muscular y la movilidad.
- Mejorar la capacidad física necesaria para la vida cotidiana.
- Contribuir de forma complementaria al control de la presión arterial, la glucemia y el peso.
- Ayudar a reducir el riesgo de caídas y fragilidad.
- Aumentar la posibilidad de mejorar la fatiga y la calidad de vida relacionada con la salud.
Después del ejercicio pueden cambiar temporalmente la presión arterial, el pulso o los resultados de las pruebas, por lo que no debe concluirse que el ejercicio ha dañado los riñones basándose únicamente en un cambio aislado. Por otro lado, hacer ejercicio tampoco puede sustituir los análisis periódicos de sangre y orina ni el tratamiento farmacológico.
Cuánto hay que moverse
Las directrices KDIGO 2024 recomiendan a los pacientes con enfermedad renal crónica al menos 150 minutos acumulados por semana de actividad física de intensidad moderada, o un nivel de actividad equivalente, siempre que su estado cardiovascular y tolerancia física lo permitan. Esto no significa que todos los pacientes deban completar 150 minutos desde el principio.
Para quienes comienzan a hacer ejercicio o tienen una capacidad física muy reducida, resulta práctico empezar con una cantidad tolerable, como caminar entre 5 y 10 minutos, y aumentar gradualmente la duración y la frecuencia. También se pueden repartir períodos breves de actividad a lo largo del día.
| Elemento del ejercicio | Ejemplos para empezar | Cómo determinar la intensidad | Objetivo principal |
|---|---|---|---|
| Actividad aeróbica | Caminar en terreno llano, bicicleta estática | Se puede conversar, pero resulta difícil cantar | Capacidad cardiorrespiratoria y resistencia al caminar |
| Ejercicio de fuerza | Levantarse de una silla, ejercicios suaves con bandas elásticas | Se puede repetir varias veces manteniendo la postura | Mantener la fuerza y los movimientos cotidianos |
| Ejercicio de equilibrio | Mantenerse sobre un pie sujetándose a un apoyo, elevar los talones | Colocar un apoyo cerca para evitar caídas | Prevención de caídas |
| Ejercicio de flexibilidad | Estiramientos suaves de pantorrillas, muslos y hombros | Sensación de tensión sin dolor | Mantener la amplitud de movimiento articular |
En general, los ejercicios de fuerza deben realizarse en días no consecutivos y trabajar de manera equilibrada los principales grupos musculares. Los movimientos en los que se contiene la respiración durante mucho tiempo al hacer fuerza o se levantan de repente cargas muy pesadas pueden elevar bruscamente la presión arterial, por lo que deben evitarse si no se tiene experiencia.
Cómo comprobar la intensidad adecuada del ejercicio
Los valores objetivo de frecuencia cardíaca pueden verse afectados por los betabloqueantes, las arritmias o la neuropatía autonómica. Por ello, para los pacientes con enfermedad renal crónica resultan prácticos la prueba del habla y la percepción subjetiva del esfuerzo.
- Intensidad ligera: Se puede conversar cómodamente.
- Intensidad moderada: Se puede conversar con frases cortas, pero falta más el aire de lo habitual.
- Intensidad excesiva: Resulta difícil decir siquiera unas palabras, o aparecen mareos o molestias en el pecho.
Si la fatiga intensa y el dolor muscular persisten hasta el día siguiente o dificultan las actividades cotidianas, es posible que la cantidad de ejercicio haya sido excesiva. Es más seguro ajustar poco a poco un solo elemento entre la duración, la velocidad y la resistencia.