La idea de que, si los riñones no funcionan bien, hay que permanecer inactivo y descansar no coincide con los principios generales para el manejo de la enfermedad renal crónica. Si el estado es estable, la actividad física regular, incluida la caminata, ayuda a prevenir el deterioro de la condición física y a mejorar la salud cardiovascular y la calidad de vida.
Sin embargo, tampoco es exacto afirmar que caminar sea el tratamiento más eficaz para recuperar directamente la función renal. Caminar es una importante medida complementaria, pero no puede sustituir a los medicamentos, el control de la presión arterial y la glucemia, el manejo nutricional ni el tratamiento de la enfermedad causante.
Conclusión principal: caminar es beneficioso, pero no es un tratamiento que regenere los riñones
La enfermedad renal crónica es un estado en el que una alteración estructural o funcional de los riñones persiste durante al menos 3 meses. No es posible devolver a su estado original el tejido renal ya dañado o cicatrizado únicamente caminando.
Las funciones realistas de caminar son las siguientes.
- Mejora la capacidad cardiorrespiratoria y la capacidad para caminar.
- Puede ayudar a controlar la presión arterial y el peso.
- Puede contribuir al control de la glucemia en pacientes con diabetes.
- Reduce el deterioro de la fuerza muscular y el sedentarismo prolongado.
- Puede mejorar la fatiga, el estado de ánimo depresivo y la calidad de vida relacionada con la salud.
- Ayuda a controlar los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Estos cambios pueden contribuir a reducir los factores de riesgo que sobrecargan los riñones. Sin embargo, no existen pruebas suficientes para afirmar de forma concluyente que la tasa de filtración glomerular aumente necesariamente después de caminar o que el inicio de la diálisis se retrase con certeza.
Qué dicen los estudios y las guías clínicas
La guía de práctica clínica KDIGO 2024 sobre la enfermedad renal crónica recomienda realizar al menos 150 minutos semanales de actividad física de intensidad moderada, dentro de los límites permitidos por el estado cardiovascular y la tolerancia física del paciente. Los pacientes que tengan dificultades para alcanzar este objetivo deben ajustar el nivel de actividad a su edad, enfermedades concomitantes, grado de fragilidad y condición física.
Las revisiones sistemáticas de los estudios sobre ejercicio han mostrado que este puede mejorar la condición física, la presión arterial, la función física y la calidad de vida relacionada con la salud de los pacientes con enfermedad renal crónica. En cambio, sus efectos sobre resultados a largo plazo, como la tasa de filtración glomerular, las hospitalizaciones, los acontecimientos cardiovasculares o la mortalidad, siguen siendo inciertos debido a las diferencias en el tamaño y los métodos de los estudios.
| Afirmación | Interpretación acorde con la evidencia |
|---|---|
| Si los riñones están mal, no se debe caminar | No se recomienda prohibir de manera uniforme que caminen los pacientes con enfermedad renal crónica estable. |
| Caminar recupera la función renal | Puede mejorar los factores de riesgo y la condición física, pero no garantiza la recuperación de los riñones dañados. |
| Cuanto más se camine, mejor | El ejercicio excesivo puede causar deshidratación, caídas y empeoramiento de los síntomas, por lo que es necesario ajustarlo individualmente. |
| Hay que completar 10.000 pasos al día | No es un criterio obligatorio universal. Es más realista aumentar poco a poco la actividad respecto al nivel actual. |
| Los pacientes en diálisis no deben caminar | En muchos casos es posible si el estado es estable, pero deben considerarse el horario de la diálisis, la hipotensión y el estado del acceso vascular. |
Cómo empezar a caminar de forma segura
1. Comprobar primero el estado actual
Si no se tiene experiencia con el ejercicio o se padece una enfermedad renal crónica avanzada, una cardiopatía, anemia grave, mareos recurrentes o se ha estado hospitalizado recientemente, es más seguro consultar al equipo médico antes de empezar. Además del tiempo objetivo, se deben revisar con el equipo médico la presión arterial, los medicamentos, el riesgo de caídas y el horario de la diálisis.
2. Empezar con caminatas breves y cómodas
No es necesario completar desde el principio 150 minutos semanales. Por ejemplo, se puede caminar entre 5 y 10 minutos, de 3 a 5 veces por semana, y aumentar unos 5 minutos por sesión si no persisten una fatiga intensa o dolor hasta el día siguiente. No existe una velocidad de progresión establecida, y las personas frágiles o con muchos síntomas deben avanzar más lentamente.
3. Elegir una intensidad que permita conversar
Al caminar a intensidad moderada, la respiración suele acelerarse un poco, pero aún es posible mantener una conversación con frases cortas. Si la falta de aire dificulta seguir hablando, hay que reducir la velocidad o descansar. Los síntomas y el grado de recuperación son más importantes que la velocidad.
4. Incluir calentamiento y caminata de enfriamiento
Durante los primeros y los últimos 3 a 5 minutos se debe caminar más despacio de lo habitual. Usar calzado antideslizante y elegir un camino llano y bien iluminado puede reducir el riesgo de caídas.
5. Registrar el tiempo y los síntomas
Registrar el tiempo caminado, la intensidad percibida, los mareos, la dificultad respiratoria, el edema y el tiempo necesario para recuperarse ayuda a ajustar la actividad sin excederse. El número de pasos es solo un dato de referencia, no un objetivo terapéutico en sí mismo.