¿Hay que hacer ejercicio aunque los riñones estén debilitados? Principios para la enfermedad renal crónica
No es necesario evitar el ejercicio solo porque los riñones estén debilitados. El ejercicio regular de intensidad moderada adaptado al estado de cada persona puede ayudar a mejorar la condición física, la salud cardiovascular, la capacidad para las actividades cotidianas y la calidad de vida, pero no puede afirmarse que restaure la función renal.
En pacientes con enfermedad renal crónica estable, generalmente se recomienda realizar actividad física regular adaptada a su estado cardiovascular y capacidad de ejercicio.
El ejercicio de intensidad moderada puede entenderse como aquel en el que la respiración se acelera respecto a lo habitual, pero aún se puede conversar con frases cortas.
Los ejercicios aeróbicos, como caminar a paso rápido, usar una bicicleta estática o nadar, pueden combinarse con ejercicios ligeros de fuerza según la condición física.
El ejercicio puede mejorar la condición física y la calidad de vida, pero no debe considerarse un tratamiento que restaure directamente los riñones dañados o evite con certeza la disminución de la tasa de filtración glomerular.
Si aparecen dolor en el pecho, dificultad respiratoria intensa, mareos con sensación de desmayo, dolor muscular anormal u orina de color marrón oscuro, se debe suspender el ejercicio y recibir atención médica.
La idea de que nunca se debe hacer ejercicio si los riñones están debilitados no suele ser correcta. En los pacientes con enfermedad renal crónica estable, la actividad física regular puede ayudar a reducir el deterioro de la condición física y el sedentarismo, así como a mejorar la salud cardiovascular, la capacidad para caminar, el funcionamiento cotidiano y la calidad de vida.
Sin embargo, el mismo ejercicio no es adecuado para todos los pacientes. Además de la etapa de la enfermedad renal, deben considerarse conjuntamente las enfermedades cardíacas, la presión arterial, la anemia, la diabetes, el estado de los huesos y las articulaciones, si se recibe diálisis y los síntomas recientes.
Mitos y verdades
Categoría | Explicación
Mito | Si los riñones están debilitados, el ejercicio debe prohibirse en todos los casos.
Verdad | Si el estado es estable, a menudo se recomienda hacer ejercicio regularmente adaptado a la capacidad individual.
Expresión que requiere cautela | No puede afirmarse que el ejercicio repare directamente los riñones dañados ni que garantice la conservación prolongada de la función renal.
Objetivo principal | Mejorar la condición física, la salud cardiovascular, la fuerza muscular, la movilidad y la calidad de vida, y reducir el tiempo que se pasa sentado.
Los resultados de las pruebas tampoco mejoran siempre después de hacer ejercicio. El ejercicio intenso, el daño muscular o la deshidratación pueden elevar temporalmente la creatinina sérica y afectar la estimación de la tasa de filtración glomerular. Si antes de una prueba se ha hecho un ejercicio intenso distinto del habitual, debe informarse al personal sanitario.
Cuánto ejercicio es adecuado
Las directrices de KDIGO sobre la enfermedad renal crónica recomiendan al menos 150 minutos acumulados por semana de actividad física de intensidad moderada, dentro de los límites permitidos por el estado cardiovascular y la capacidad física del paciente. Sin embargo, no es necesario completar 150 minutos desde el principio. Si la condición física es baja o no se ha hecho ejercicio durante mucho tiempo, es más seguro comenzar con 5–10 minutos y aumentar poco a poco la duración y la frecuencia.
Comprobar la intensidad con la prueba del habla
· Intensidad ligera: se puede conversar y cantar cómodamente.
· Intensidad moderada: la respiración se acelera, pero se puede conversar con frases cortas.
· Intensidad alta: es necesario recuperar el aliento después de decir unas pocas palabras.
Por lo tanto, es difícil definir el ejercicio adecuado simplemente como aquel que «no causa ninguna falta de aire». Con una intensidad moderada puede haber algo de falta de aire, pero no debe producirse una dificultad respiratoria difícil de controlar. Si se padece una enfermedad cardíaca o se toman medicamentos que afectan la frecuencia cardíaca, conviene priorizar la percepción personal de la intensidad y las indicaciones del personal sanitario antes que una frecuencia cardíaca objetivo.
Tipos de ejercicio que pueden recomendarse
Tipo de ejercicio | Ejemplos | Cómo empezar | Principales precauciones
Ejercicio aeróbico | Caminar a paso rápido, bicicleta estática, natación, aeróbic de baja intensidad | Empezar con 5–10 minutos unas 3 veces por semana y aumentar progresivamente | Interrumpir si aparecen mareos, dolor torácico o dificultad respiratoria excesiva
Ejercicio de fuerza | Levantarse de una silla, bandas elásticas, mancuernas ligeras | Realizarlo unos 2 días por semana, en días no consecutivos, trabajando los principales grupos musculares | No contener la respiración ni levantar pesos excesivos
Ejercicios de flexibilidad y equilibrio | Estiramientos suaves, elevación de talones, ejercicios de equilibrio | Realizarlos antes o después del ejercicio aeróbico, o en otro momento | Si existe riesgo de caídas, usar una pared o una silla como apoyo
Actividades cotidianas | Caminar distancias cortas, hacer tareas domésticas ligeras, interrumpir los periodos prolongados sentado | Moverse dentro de lo posible cada 30–60 minutos | Reducir la intensidad y la duración en los días de fatiga intensa
Antes del ejercicio, conviene calentar a baja intensidad y, al terminar, no detenerse bruscamente, sino reducir la velocidad de forma gradual.
¿Debe prohibirse todo ejercicio intenso?
Los maratones y los deportes de alta intensidad, como el fútbol o el rugby, no están absolutamente prohibidos para todos los pacientes con enfermedad renal crónica. Sin embargo, el ejercicio prolongado de alta intensidad puede aumentar el riesgo de deshidratación, elevación de la temperatura corporal, alteraciones electrolíticas y daño muscular. La rabdomiólisis provocada por un daño muscular grave puede causar una lesión renal aguda.
Si se encuentra en alguna de las siguientes situaciones, es más seguro someterse a una evaluación médica antes de comenzar a hacer ejercicio de alta intensidad.
· Enfermedad renal crónica avanzada o cambios bruscos recientes en la función renal
· Hipertensión no controlada, arritmia, angina de pecho o insuficiencia cardíaca
· Anemia grave, edema, alteraciones electrolíticas o fatiga considerable
· Desmayos, dolor torácico o dificultad respiratoria anormal durante el ejercicio
· Tratamiento con diálisis o recuperación tras una cirugía de trasplante renal
En los pacientes con trasplante renal, el riñón trasplantado puede estar relativamente expuesto a impactos externos, por lo que deben consultar con el equipo médico de trasplantes si pueden participar en deportes de contacto como el rugby o las artes marciales.
Precauciones para el ejercicio en pacientes con diálisis
Los pacientes con diálisis también pueden beneficiarse del ejercicio si su estado es estable, pero deben tenerse en cuenta el tipo de diálisis y el acceso vascular.
· Si se tiene una fístula arteriovenosa para hemodiálisis, se debe consultar primero al personal sanitario antes de hacer ejercicios que impliquen levantar repetidamente pesos elevados con ese brazo.
· Si inmediatamente después de la diálisis hay mareos, hipotensión o fatiga intensa, se debe posponer el ejercicio.
· En algunos centros médicos se realiza ejercicio de baja intensidad en bicicleta durante la diálisis bajo supervisión, pero no debe iniciarse por cuenta propia.
· Los pacientes con diálisis peritoneal deben elegir el tipo de ejercicio teniendo en cuenta las molestias abdominales, el riesgo de hernia y la sujeción del catéter.
· La ingesta de líquidos debe ajustarse al límite establecido por el equipo médico de diálisis, no a las recomendaciones generales sobre ejercicio.
Priorizar las indicaciones individuales sobre líquidos y alimentación
El consejo general de beber mucha agua al hacer ejercicio no se aplica a todos los pacientes con enfermedad renal crónica. Las personas con edema, insuficiencia cardíaca o hiponatremia, o que reciben diálisis, pueden necesitar restringir los líquidos. Por el contrario, si se hace ejercicio en un ambiente caluroso o existe un riesgo elevado de deshidratación, pueden ser necesarios otros ajustes.
Las bebidas deportivas también pueden contener sodio, potasio y azúcar, por lo que no deben consumirse en grandes cantidades por cuenta propia. Los suplementos de proteínas, la creatina, los suplementos preentrenamiento y algunos productos herbales también pueden afectar el tratamiento de la enfermedad renal y los resultados de las pruebas, por lo que es más seguro consultar al personal sanitario o a un nutricionista clínico.
Señales para posponer o interrumpir inmediatamente el ejercicio
En las siguientes situaciones, no se debe comenzar el ejercicio o debe interrumpirse de inmediato y, según el estado, solicitar una evaluación médica.
· Dolor u opresión en el pecho
· Dificultad respiratoria intensa que no remite con el reposo
· Desmayo o mareos con sensación de que se va a perder el conocimiento
· Ritmo cardíaco irregular repentino o palpitaciones extremas
· Dolor muscular intenso distinto del habitual, pérdida de fuerza muscular o hinchazón muscular
· Orina de color marrón oscuro o similar al de la cola
· Enfermedad aguda que pueda causar deshidratación, como fiebre, vómitos o diarrea
· Empeoramiento repentino del edema o aumento rápido de peso
· Sangrado, dolor, hinchazón o cambios anormales en el acceso vascular para diálisis
La orina de color marrón oscuro y el dolor muscular intenso pueden ser señales de rabdomiólisis, por lo que requieren atención médica rápida. Si después del ejercicio aparecen repetidamente sangre o proteínas en la orina, o si persisten durante mucho tiempo, tampoco deben considerarse una simple respuesta al ejercicio y deben evaluarse.
Cómo crear un hábito de forma segura
· Informar al personal sanitario sobre el nivel actual de actividad y los síntomas que aparecen durante el ejercicio.
· Empezar con 5–10 minutos de un ejercicio familiar y de bajo impacto, como caminar.
· Aumentar poco a poco solo uno de estos aspectos cada semana: la duración o la frecuencia.
· Comprobar si se puede conversar durante el ejercicio de intensidad moderada y reducir la intensidad si aparece una dificultad respiratoria intensa.
· Registrar la duración del ejercicio, la fatiga, los mareos, la presión arterial y el estado de recuperación.
· Reajustar el plan si aparece una enfermedad aguda, cambia la prescripción o se modifica el calendario de diálisis.
El ejercicio no sustituye a los medicamentos, el control de la presión arterial y la glucemia, dejar de fumar, la atención nutricional ni las consultas médicas periódicas. El objetivo no es lograr marcas excesivamente exigentes, sino mantener de forma constante un nivel de actividad adecuado para el propio estado.